Es un patrón de conducta en el que una persona intenta evitar o controlar, de forma rígida, cualquier experiencia interna que le genere malestar, como pensamientos, emociones o sensaciones físicas. Aunque esta estrategia busca reducir el sufrimiento, a largo plazo puede aumentar la ansiedad, el estrés y limitar la vida diaria. Es común en trastornos como la ansiedad generalizada o la depresión.

