Última actualización: 04-03-2020

Artrosis de Rodilla

Esta sección está dirigida a personas con artrosis de rodilla que padecen dolores, agarrotamiento, tienen una movilidad reducida u otros síntomas que dificultan su actividad diaria. Se explicarán los diferentes tipos de tratamientos, y los beneficios y posibles riesgos de cada uno ellos, de modo que usted pueda tomar las decisiones que le parezcan más adecuadas sobre su tratamiento, sobre su salud y su calidad de vida en general.

El propósito de esta sección es ofrecer a la persona que padece artrosis una información completa, ordenada, y basada en las pruebas científicas que existen sobre su condición de salud.

En primer lugar, se explicará brevemente qué es la artrosis de rodilla, a qué personas afecta más, y cómo evoluciona. En la segunda parte se hablará de los tratamientos no quirúrgicos, es decir, los que no conllevan una operación (por ejemplo, hacer ejercicio o tomar medicamentos). En la tercera parte, se expondrán los tipos de cirugía que se realizan para aliviar los síntomas de la artrosis. En la última parte, se le plantea que considere las diferentes opciones de tratamiento que se han expuesto, y que piense detenidamente cuál o cuáles cree que serían más apropiadas para usted, de acuerdo con sus valores y preferencias sobre los beneficios y riesgos de cada tratamiento.

¿Qué es la Artrosis de Rodilla?

En esta entrada se expondrá brevemente qué es la artrosis de rodilla.

La superficie de los huesos de la rodilla que se hallan en contacto entre sí está cubierta por una capa elástica llamada cartílago. Este cartílago, junto con un líquido llamado líquido sinovial, hace que los huesos de la rodilla se deslicen con suavidad uno contra otro cuando nos movemos. Pero cuando el cartílago se desgasta, los huesos se rozan entre sí, produciendo dolor y agarrotamiento.

Esto es la artrosis. En casos muy avanzados y severos, el cartílago termina desapareciendo y los huesos pueden llegar a fusionarse o “soldarse” entre sí, impidiendo totalmente el movimiento de la rodilla.

El cartílago se va desgastando con la edad, de forma natural, debido al uso continuado de la articulación. Por tanto, la artrosis es más frecuente en personas mayores. Sin embargo, es importante entender que la artrosis es una enfermedad, y que no todo el mundo tiene artrosis cuando se hace mayor.

Los principales síntomas de la artrosis de rodilla son: el dolor y la rigidez en la articulación, características que pueden afectar la funcionalidad en la vida diaria.

Hay personas que piensan que el dolor y la discapacidad de la artrosis es algo natural al envejecer, pero no tiene por qué ser así. La causa exacta de la condición de salud aún no está clara.

Tipos de artrosis

Dependiendo del origen y de su localización pueden identificarse tres tipos de artrosis: primaria, secundaria o generalizada.

  • Artrosis primaria: Es conocida también como idiopática, es decir que no hay una causa conocida subyacente o predisponente. Es la forma más común de la artrosis.
  • Artrosis secundaria: Se caracteriza por tener una causa conocida subyacente. Incluyen lesiones como traumatismos crónicos (generados por algunos deportes y profesiones), alteraciones congénitas articulares o metabólicas y endocrinas entre otras. Este tipo de artrosis afecta a un menor número de personas.
  • Artrosis de rodilla generalizada: Se caracteriza por la participación de tres o más articulaciones o grupos de articulaciones. Por lo general se produce en la columna, en las rodillas o las caderas. Este tipo de artrosis es más frecuente en personas con artrosis de rodilla avanzada.

En los países industrializados, las personas entre 70 y 79 años son los que presentan la más alta prevalencia de la artrosis de rodilla, llegando a un  34%. En España la prevalencia en personas de más de 60 años es del 22% y es significativamente más alta en mujeres (15%) que en hombres (9%).

¿Qué la puede causar?

Además de las personas mayores, se encuentran en mayor riesgo de desarrollar la artrosis de rodilla:

  • Las personas que tienen antecedentes familiares con artrosis
  • Las personas con sobrepeso
  • Las mujeres, que padecen artrosis con más frecuencia que los hombres
  • Las que han padecido algún daño previo en la rodilla, o que sufren algún tipo de deformación en las piernas
  • Las personas que practican deportes o trabajos que hacen trabajar mucho las articulaciones

Entre los factores que pueden causar la artrosis de rodilla podemos encontrar factores genéticos, la obesidad o las lesiones o uso excesivo:

Factor genético

En algunas familias, la artrosis puede ser el resultado de un defecto hereditario en uno de los genes responsables del colágeno, uno de los componentes proteínicos principales del cartílago. Esto genera cartílagos defectuosos y que se deterioran con mayor rapidez. Es posible que durante la juventud tales problemas no supongan ninguna dificultad pero con el paso del tiempo las articulaciones se pueden ir desgastando. Asimismo, las personas que nacieron con leves defectos que impiden que las articulaciones encajen y se muevan correctamente, tal como piernas arqueadas o personas con articulaciones demasiado flexibles podrían ser más propensas a desarrollar artrosis.

Obesidad

Los estudios indican que la obesidad incrementa el riesgo de padecer artrosis en la rodilla. Los investigadores descubrieron que el peso corporal en edades medias y en personas mayores, parece ser el factor de mayor importancia en cuanto al riesgo de que una persona desarrolle artrosis en la rodilla.

Lesión o uso excesivo (ocupacional)

Algunas personas desarrollan artrosis en ciertas articulaciones debido a lesiones o usos excesivos de tipo específico. Un historial de lesiones significativas en la rodilla o cadera puede aumentar el riesgo de que se desarrolle artrosis en dichas articulaciones.

¿Cómo se diagnostica?

De cara a un posible diagnóstico de la artrosis, es recomendable que consulte con profesionales de la medicina en caso de sentir dolor o rigidez en la articulación durante más de dos semanas. Además del examen físico que se realiza desde traumatología, la prueba más utilizada para diagnosticar la artrosis de rodilla son los rayos X, también conocidos como radiografía.

Los rayos X o radiografía muestran tanto los huesos como el espacio donde se encuentra el cartílago. De esta forma, esta prueba nos permite ver cómo la artrosis ha dañado el hueso y cómo ha afectado también al cartílago. Sin embargo, a veces una radiografía muestra que la artrosis está poco avanzada, y aun así la persona siente un gran dolor. Al contrario, otras personas cuyas radiografías muestran una artrosis bastante avanzada, no sienten tanto dolor. Es decir, a veces el grado de dolor que siente la persona no se relaciona directamente con el deterioro que se ve en la radiografía.

Otros métodos utilizados en el diagnóstico de la artrosis incluyen el análisis mediante escáner, también conocido como resonancia magnética, la extracción de líquido sinovial de la rodilla o el análisis de sangre.

Evolución de la artrosis

Debe saber que la evolución de la artrosis no es la misma en todos los casos, pero que no desaparece por sí sola. Con el tiempo, el cartílago continúa deteriorándose y desgastándose.

El dolor producido por la artrosis puede aparecer cuando se está utilizando la rodilla, o después de utilizarla. En ocasiones, el dolor desaparece y vuelve a rebrotar al sobrecargar la articulación. Los cambios del clima también pueden agudizar el dolor. En cualquier caso, no hay forma de saber si el dolor empeorará con el tiempo, o con qué rapidez lo hará. El grado de dolor que usted siente ahora realmente no predice cómo se sentirá en el futuro.

La evolución de la artrosis no es igual en todos los casos y no todas las personas experimentan su condición de salud de la misma manera. Sin embargo, vivir con artrosis afecta a la vida de las personas, tanto física como emocionalmente. Es posible, incluso, que algunas personas se sientan frustradas al enfrentarse día a día con el dolor y la discapacidad que esta condición puede conllevar y al no poder realizar sus actividades rutinarias con la normalidad o facilidad que desearían.

Es importante destacar también que la percepción del dolor no tiene que ser necesariamente siempre la misma, sino que puede variar en distintos momentos en función de diferentes aspectos. De esta manera, en ocasiones el dolor puede desaparecer para volver a rebrotar al sobrecargar la articulación o con los cambios de clima, que pueden agudizar la sensación de dolor. En cualquier caso, no hay forma de saber si el dolor empeorará con el tiempo, o con qué rapidez lo hará. El grado de dolor que usted siente ahora realmente no predice cómo se sentirá en el futuro.

Tratamientos para la artrosis

Existen varias opciones de tratamiento para la artrosis. A continuación se comentarán cada uno de ellos, con sus riesgos y sus beneficios. Es importante destacar que en muchas ocasiones los tratamientos se combinan. Los más adecuados para usted dependerán de la gravedad de su estado, de su salud en general, y del grado en que los síntomas afectan a su vida.

Mucha gente está satisfecha con el alivio que ha conseguido simplemente al cambiar su estilo de vida, y probando otros tratamientos no-quirúrgicos (es decir, que no requieren cirugía) de cara a evitar o retrasar la operación. Otros prefieren operarse para obtener el máximo alivio del dolor y disfrutar de una vida más activa, a pesar de que los riesgos son mayores y el tiempo de recuperación de la cirugía también.

Sea cual sea el tipo de tratamiento utilizado, los objetivos que se persiguen son:

  • Controlar y aliviar el dolor.
  • Mejorar la capacidad de movimiento.
  • Poder volver a realizar las actividades diarias con normalidad.
  • Disminuir el progreso de la condición de salud.

Cambios en el estilo de vida

Para intentar aliviar los síntomas de la artrosis, puede llevar a cabo algunos cambios en su estilo de vida, por ejemplo: perder peso, hacer ejercicio de forma regular, evitar actividades que le produzcan malestar en la rodilla, usar un bastón apropiado, llevar plantillas ortopédicas, mantener una buena higiene postural para proteger las articulaciones, evitar cargar peso o caminar por terrenos irregulares, no estar demasiado tiempo de pie…

Pérdida de Peso: Como se ha dicho antes, las personas con sobrepeso tienen más probabilidades de sufrir artrosis de rodilla. Durante una actividad diaria como caminar, la fuerza que actúa sobre la rodilla es de 2 a 5 veces el peso total de tu cuerpo.

Cuanto más peso tiene que soportar la rodilla dañada, mayor será el dolor que sienta. Por tanto, perder peso, aunque sea poco, puede reducir tu dolor.

Sin embargo, hay que tener cuidado con las “dietas milagro”, pues pueden producir problemas de salud al perder peso rápidamente y volverlo a recuperar con rapidez.

Consulte con su médico siempre que quiera ponerse a dieta.

Conseguir y mantener la pérdida de peso comiendo una dieta sana y haciendo ejercicio regularmente es mejor para su cuerpo y sus articulaciones.

Ejercicio físico: Mantener un estilo de vida activo mediante un programa de ejercicio apropiado puede fortalecer los músculos alrededor de la rodilla. Esto puede ayudar a soportar la articulación, mejorar la flexibilidad, reducir el dolor, y aumentar la capacidad de movimiento.

El ejercicio no tiene que ser intenso, simplemente ir a caminar puede ayudar a fortalecer las articulaciones y mantenerlas flexibles.

Antes de empezar un programa de ejercicios, pida consejo a su médico o fisioterapeuta, porque algunos ejercicios pueden dañar una rodilla con artrosis, más que ayudarla. Recuerde que sentir algo de dolor en los músculos durante o después del ejercicio es normal, pero si siente un dolor fuerte en la rodilla, es una señal de que debe parar el ejercicio.

Medicamentos para la Artrosis

Varios medicamentos contra el dolor y la inflamación funcionan para la artrosis de rodilla. Recuerde que todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios, y que pueden interactuar con otros medicamentos.

Antes de comenzar a tomar nada nuevo, revise todos sus medicamentos con su médico.

Asegúrese de comentarle cualquier medicamento que esté tomando para otras condiciones de salud que tenga, así como cualquier remedio natural o suplementos alimenticios que tome.

La medicación a usar puede ser sin receta, o con prescripción médica. En ambos casos existe la posibilidad de sufrir efectos secundarios (irritación de estómago, riesgo de úlcera o sangrado, daños en el hígado o el riñón, y otros).

En la tabla que está a continuación se muestra una lista de medicamentos contra el dolor y la inflamación, y sus posibles efectos secundarios. La mayoría de estos medicamentos pertenecen a un grupo de sustancias llamadas AINES (antiinflamatorios no esteroideos).

Tipos Medicamentos Efectos secundarios
Analgésicos Paracetamol
Tramadol
Acetilsalicilato de lisina
  • Daño en el hígado con sobredosis o exceso de alcohol.
  • Empeoramiento de una enfermedad de hígado existente
  • Daño en riñón o hígado por el uso a largo plazo.
  • Interacción con medicación anticoagulante.
Anti-inflamatorios no esteroideos (AINES) son un grupo variado y químicamente heterogéneo de fármacos cuya función es reducir los síntomas de inflamación, dolor y fiebre. Aspirina
Ibuprofeno
Indometacina
Naproxeno sodico
Celecoxib
Diclofenaco
Meloxican
Enanthyum
Ketoprofeno
Piroxicam
Arcoxia
  • Problemas de estómago (úlceras) o empeoramiento de problemas ya existentes.
  • Exceso de sangrado en heridas.
  • Interacción con medicación anticoagulante.
  • Síntomas de intolerancia o alergia a algún medicamento, como gases, ardor de estómago, náuseas, diarrea, dolor de cabeza o mareos.
  • Daño en el riñón (más probable con dosis más altas y en personas mayores de 65, con problemas de riñón, tensión alta, o en personas que están tomando medicamento para la tensión o el corazón).
  • Sarpullidos en la piel.
  • Posible daño en el hígado.
  • Posible aumento de riesgo de ataque al corazón o apoplejía en tratamientos largos

No use dos AINES diferentes juntos porque pueden interactuar e incrementar el riesgo de problemas de estómago, incluidas úlceras o sangrado. El uso prolongado de cualquiera de estos medicamentos (excepto la aspirina) puede aumentar el riesgo de sufrir un ataque al corazón o una apoplejía (una lesión en el cerebro por falta de riego sanguíneo), aunque esto es algo que aún no se ha estudiado en profundidad.

Hable con su médico antes de tomar aspirinas o cualquier AINE si usted:

  • Tiene historial de sangrado o úlceras de estómago.
  • Toma anticoagulantes (para evitar la formación de coágulos).
  • Toma medicamentos para la tensión arterial alta o para problemas de corazón.

Infiltraciones en la rodilla (inyecciones)

Existen dos tipos de inyecciones para aliviar los síntomas de la artrosis:

Tipos de inyección Descripción
Ácido hialurónico Es un polisacárido distribuido ampliamente en el cuerpo humano. Desempeña una importante función en la estructura de la piel, siendo responsable de la elasticidad de la misma. Tiene la capacidad de retener a su alrededor una gran cantidad de agua aportando volumen a los tejidos. La finalidad de este tratamiento para la artrosis de rodilla es conseguir un efecto lubricante, mecánico y bioquímico en la articulación afectada de artrosis.Se inyecta en la rodilla en dos o tres visitas, cada una separada por una semana. Este tratamiento funciona mejor en personas con síntomas poco severos. Normalmente se usa en personas que no son buenos candidatos para la cirugía, que no pueden tomar AINES, o que no han respondido a otros tratamientos. Es necesaria una cierta cantidad de cartílago sano para poder considerar este tratamiento. Se necesitan varias semanas de tratamiento para que se alivie el dolor. Aunque hay pocas pruebas científicas, parece que 66 personas de cada 100 notan un alivio efectivo del dolor.
Corticoesteroides Se aplican normalmente en una sola inyección. Los últimos estudios indican que los efectos duran como promedio aproximadamente un mes. Aunque en este caso tampoco existen muchas pruebas científicas, parece que en una semana 78 de cada 100 personas experimentan una mejoría general. Al mes y medio de la inyección, el número de personas que mantienen esta mejoría ha bajado a 57 de cada 100. Es decir, para algunas personas la mejoría puede ser de poca duración.

Los posibles efectos secundarios de las inyecciones contra el dolor son:

  • Incomodidad o hinchazón en el lugar del pinchazo.
  • Pequeño riesgo de infección.
  • Reacción alérgica.

Tratamientos complementarios o alternativos

Existen otros  tratamientos complementarios que pueden ayudar a algunas personas a aliviar los síntomas de la artrosis. Estos tratamientos incluyen desde los remedios naturales (herbales) o las terapias magnéticas (con imanes), hasta la aplicación de calor o frío, los masajes o la acupuntura.

No obstante, muy pocos de estos tratamientos complementarios se han estudiado científicamente.

Para la artrosis, también existen los suplementos de sulfato de glucosamina, y condroitin-sulfato, que son dos sustancias que se encuentran de forma natural en el cartílago. Estas sustancias están aceptadas por el Servicio Nacional de Salud, y hay algunas pruebas de que pueden regenerar el cartílago dañado por la artrosis y producir un alivio del dolor comparable al que producen los medicamentos anti-inflamatorios (AINES). De todas formas, es necesario seguir investigando su efectividad contra los síntomas de la artrosis.

Al igual que los medicamentos, estas sustancias también pueden producir efectos secundarios, como por ejemplo, malestar de estómago, sarpullidos o fatiga. De forma específica, la glucosamina puede incrementar el azúcar en sangre en personas que tengan diabetes, y el condroitin, por su parte, puede afectar a la coagulación sanguínea. Sin embargo, las pruebas científicas de que disponemos indican que estos efectos son poco frecuentes.

Los científicos siguen investigando para encontrar nuevas formas de tratar la artrosis, así como para mejorar los tratamientos que tenemos actualmente. Si a usted le interesa conocer qué nuevos tratamientos se están investigando (por ejemplo, infiltraciones de plasma rico en plaquetas, o concentrados de células de la médula ósea), puede consultarlo con su médico.

Tratamientos quirúrgicos

Existen diferentes tipos de tratamientos quirúrgicos para tratar la artrosis, según la fase en la que se encuentre la condición, o dependiendo de otras características de la persona que la padece.

A continuación se describen los principales tratamientos quirúrgicos empleados en el tratamiento de la artrosis de rodilla:

Artroscopia

Es una cirugía mínimamente invasiva en la que el cirujano realiza una pequeña incisión, e inserta un pequeño aparato en la rodilla para ver el cartílago dañado. Después utiliza otros instrumentos para retirar los trozos sueltos de cartílago y hueso, o irrigar y nivelar la articulación. Se puede realizar a cualquier edad, pero siempre que la artrosis no haya producido ya una deformación de los huesos.

Por tanto, es más frecuente que se use en personas jóvenes con lesiones de rodilla, o que están en la fase inicial de la artrosis.

Puede ayudar en el alivio del dolor a algunas personas que padecen síntomas mecánicos como chasquidos, rigidez o bloqueo en la articulación de la rodilla. La artroscopia no detiene la rotura del cartílago, y la artrosis continuará empeorando.

Osteotomía

Esta es una cirugía que realinea los huesos de la pierna. Puede reducir deformidades como piernas arqueadas, donde las rodillas se curvan hacia fuera, o rodillas chocantes, donde una rodilla o ambas se curvan hacia dentro, hacia la otra pierna.

La osteotomía es uno de los tratamientos quirúrgicos que se realiza más frecuentemente en personas de entre 35 y 50 años, aproximadamente, para aliviar el dolor y la sobrecarga en la rodilla. Al redistribuir la presión sobre la rodilla, puede enlentecer la progresión de la artrosis y posiblemente evite la necesidad de un implante de prótesis.

Ni la artroscopia ni la osteotomía pueden actualmente reemplazar el cartílago dañado. La única cirugía que puede hacerlo es el implante de prótesis de rodilla. Como verá a continuación, este implante puede ser parcial (sólo una parte de la rodilla), total (toda la rodilla), bilateral (en las dos rodillas) o de revisión (cuando una prótesis anterior es sustituida por otra nueva). Su médico le orientará sobre qué tipo de operación será la más apropiada en su caso.

Tratamientos quirúrgicos: Implantes

Implante parcial de prótesis de rodilla

Esta cirugía se utiliza en personas cuyo daño se limita claramente a una parte de la rodilla. Con el implante parcial de prótesis, sólo se recupera la superficie de la parte dañada del hueso, en lugar de toda la rodilla. Por tanto, comparada con el implante total, este procedimiento requiere menos tiempo de cirugía y de rehabilitación. No está recomendada en enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide, el lupus, y otras.

Implante total de prótesis de rodilla

De los tratamientos quirúrgicos que existen, el implante total de prótesis de rodilla es la cirugía más utilizada en la artrosis de rodilla, y consiste en implantar una prótesis, también llamada “rodilla artificial”. Salvo algunos casos concretos, los médicos suelen prescribirla lo más tarde posible, cuando los demás tratamientos contra la artrosis no han funcionado.

En la operación, primero se retira el cartílago y las partes del hueso dañadas por la artrosis, y luego se realiza el implante de la prótesis. Esta prótesis se compone de unas piezas de metal y plástico que evitarán que los huesos se rocen entre sí.

Los resultados a medio y largo plazo del implante de prótesis de rodilla dependerán principalmente del tipo de técnica utilizada en el implante (ya sea este total o parcial). Normalmente estos resultados son bastante buenos, y a la mayoría de las personas les libera del dolor y reestablece su movilidad normal, ayudándoles a mantener su independencia y llevar una vida activa. Entre 10 y 20 personas de cada 100 declaran que aún después de la operación siguen sintiendo algo de dolor.

La operación normalmente dura entre 2 y 4 horas. Tras unos días de recuperación en el hospital,  la persona vuelve a casa y comienza la rehabilitación.

El tiempo necesario para recuperarse de la operación es diferente para cada persona. La recuperación se produce poco a poco, por etapas. Al tercer mes la mayor parte de la gente es capaz de caminar sin muletas. Sin embargo, son necesarios de 9 a 12 meses antes de que las cicatrices estén completamente curadas. Transcurrido un año o incluso más desde la operación, todavía se seguirá produciendo una mejoría continuada.

Implante bilateral

Otro de los tratamientos quirúrgicos que existen es el implante bilateral. Las personas con artrosis en las dos rodillas, además de decidir si someterse a la operación y cuándo hacerlo, deben elegir si operarse las dos rodillas en una misma operación, o hacerlo en dos operaciones separadas. La cirugía de ambas rodillas se llama implante bilateral de rodilla.

Algunos profesionales de la medicina y personas con artrosis pueden preferir operar una rodilla cada vez, pudiendo utilizar la otra pierna para caminar mientras la primera se recupera. Los beneficios de hacer los dos implantes a la vez es que hay un sólo periodo de hospitalización, de anestesia, y de recuperación, en lugar de tener que pasar dos veces por la misma situación. Pero por otra parte, se trata de dos operaciones en una, y la recuperación y la rehabilitación serán más duras porque implican a las dos piernas. Esta operación bilateral no se recomienda a personas que tengan problemas de corazón o respiratorios, ni mayores de 80 años, porque el riesgo de tromboembolismo pulmonar es mayor.

Revisión del implante de prótesis

La prótesis de rodilla puede no durar toda la vida. En ocasiones es necesario implantar una nueva prótesis al cabo del tiempo.

El material usado en las nuevas prótesis está pensado para que sea más duradero que las antiguas. Algunos estudios muestran que aproximadamente  96 de cada 100 personas que han recibido la prótesis tienen el implante 15 años o más, y 82 de cada 100 llega a tenerlo hasta 23 años o más.

Cuando la rodilla es operada por segunda o tercera vez, los resultados pueden no ser tan buenos como la primera vez. Los resultados de los siguientes implantes dependen de si los tejidos de la rodilla que rodean la prótesis están dañados. Muchas veces existe una pérdida de material del hueso, así como un deterioro en los músculos y ligamentos alrededor de la prótesis, y esto hace más difícil conseguir que el nuevo implante encaje bien.

¿Sabe si usted es candidato o candidata para la cirugía de artrosis de rodilla?

Las personas que NO son buenas candidatas para esta operación son:

  • Aquellas que tienen otros problemas de salud, en particular de corazón o pulmón, que hacen que la cirugía sea muy arriesgada.
  • Aquellas personas que padecen otros problemas médicos como una infección, mala circulación o lesiones nerviosas en las piernas
  • Las personas con sobrepeso tienen más riesgos de sufrir complicaciones en la operación, aunque el beneficio de conseguir una nueva rodilla podría incrementar su movilidad, con lo que les sería más fácil perder peso y así mejorar su salud.

Riesgos de la operación de implante de prótesis de rodilla

A continuación se describen los riesgos que pueden presentarse en una operación de implante de prótesis de rodilla:

Coágulos de sangre

Los coágulos sanguíneos son la complicación más frecuente. Estos coágulos pueden producir dolor e hinchazón en la pierna, y pueden ocasionar problemas muy graves si llegan al pulmón; en este caso la persona puede sentir dolor en el pecho y dificultades para respirar. Su médico debe recetarle medicinas anticoagulantes para prevenir la formación de estos coágulos durante y después de la cirugía, o utilizar vendajes de compresión para evitar que se formen. La toma de estos medicamentos anticoagulantes dura aproximadamente un mes, y con ella sólo entre 1 y 3 de cada 100 personas desarrollan coágulos en piernas o pulmones, mientras que más de 96 no tienen este problema. Además, existen pruebas de que sólo 1 de cada 2000 personas muere por un coágulo en el pulmón.

Cuanto antes se levante de la cama la persona operada, menos riesgo tendrá de desarrollar coágulos de sangre.

Los medicamentos que se pueden recetar para prevenir o tratar coágulos sanguíneos tienen sus propios efectos secundarios. Mientras usted esté tomando anticoagulantes, cualquier herida puede hacerle sangrar más de lo normal. Si tiene úlceras de estómago, tal vez producidas por la misma medicación para la artrosis, pueden empezar a sangrar.

Infección

Una complicación poco frecuente pero seria después de la operación, es una infección en la rodilla. La infección es más frecuente en personas con artrosis reumatoide u otros problemas médicos, y también en personas que han tenido anteriormente una cirugía de rodilla. Para prevenirla, después de la operación debe seguirse un tratamiento de al menos dos años. La infección puede suceder varios años después de la operación (aunque suele ser en los 4 primeros).

Con el tratamiento adecuado, en esos 4 años menos de 1 de cada 100 personas desarrolla la infección. A los 13 años después de la operación, sólo 1 de cada 100 personas ha tenido infección de rodilla, mientras que 99 de cada 100 no la han padecido.

Después de la operación, si nota signos de infección en cualquier parte del cuerpo, como forúnculos o abscesos, o la uña del dedo gordo del pie infectada, es importante que avise a su médico.

Si se produce la infección se tratará con antibióticos, y si la infección alcanza la prótesis, será necesaria una nueva cirugía. En ese caso, se debe quitar la prótesis y parte del hueso, e implantar una nueva prótesis.

Otras complicaciones

Además de los coágulos de sangre y el riesgo de infección, existen otros posibles riesgos de la operación: hemorragias, lesiones en arterias, venas o nervios que estén cerca de la zona operada, dislocación de la prótesis, que una pierna quede un poco más corta que la otra, que se produzca una reacción alérgica a los materiales de la prótesis, que el dolor empeore en vez de mejorar, o que la rodilla se sienta más rígida que antes de operar. Todos estos efectos negativos son muy poco frecuentes.

Muerte

El riesgo de muerte por una implante de prótesis de rodilla es bajo, concretamente entre 0,3 y 0,7 % (a los tres meses). Esto significa que aproximadamente sólo 1 persona de cada 200 muere por complicaciones derivadas de la operación. Esto incluye muertes por problema de anestesia, coágulos en pulmones y otras causas.

Los casos de complicaciones o muerte relacionados con la operación son menores en los hospitales donde más realizan esta operación. Hay estudios que han encontrado que las personas que se han operado con cirujanos que practican más de 50 operaciones de prótesis al año tienen menos complicaciones.

Recuerde que aunque hay riesgos asociados a la cirugía, también hay riesgos importantes asociados a la inmovilidad y a la pérdida de actividad

Aunque la operación de implante de prótesis de rodilla se puede aplazar, la persona afectada puede volverse más inactiva, y mientras espera la cirugía puede ir perdiendo masa muscular y ganando peso a causa de esa poca actividad. Como resultado, puede que se encuentre peor de su artrosis.

¿Qué opciones de tratamiento son más adecuadas para mi?

Muchas personas son capaces de vivir bien usando una combinación de tratamientos no quirúrgicos (es decir, sin operarse) para controlar el dolor y la rigidez en la articulación. De hecho, un estudio realizado con personas que llevaban entre 10 y 18 años utilizando tratamientos no quirúrgicos, demostró que 43 de cada 100 no han empeorado de su artrosis durante todo ese tiempo, o incluso han tenido una mejoría en sus niveles de dolor y en su capacidad de movimiento.

Si su artrosis es leve, una de las opciones que puede considerar es la de llevar a cabo cambios en su estilo de vida, como hacer ejercicio moderado, perder peso, usar soportes ortopédicos para la rodilla, o calor y frío contra el dolor. Si la artrosis va a peor, puede elegir entre tomar medicamentos (ya sean sin receta o con receta), usar tratamientos complementarios, o ponerse inyecciones en la rodilla para aliviar los síntomas. Recuerde también que es importante descansar lo más que pueda, la artrosis puede hacer que se canse más rápido y los síntomas pueden empeorar si siente fatiga. Trate de dormir durante toda la noche y tome algunas siestas cortas durante el día si lo necesita.

Cuando el dolor y la rigidez dificultan mucho su vida normal, puede empezar a hablar con su médico sobre la cirugía. Por encima de todos los tratamientos, el implante de prótesis es el más efectivo contra el dolor y para restaurar el funcionamiento normal de la rodilla. Sin embargo, es también el más arriesgado y el de recuperación más lenta. Además, la prótesis puede desgastarse con el tiempo, y puede ser necesario volver a reemplazarla.

Piense detenidamente cómo le afectan los posibles beneficios y riesgos de cada tratamiento:

  • ¿Cuánto dolor tiene? ¿Puede vivir con sus síntomas? ¿Sus síntomas le impiden hacer las cosas que quiere hacer?
  • ¿Prefiere cambios en el estilo de vida, medicamentos y/o tratamientos complementarios para tratar la artrosis y evitar la operación todo el tiempo que pueda? ¿O prefiere someterse a la operación de rodilla tan pronto como sea posible?
  • ¿Está dispuesto a aceptar los riesgos de la operación?
  • ¿Puede permitirse cogerse el tiempo necesario para la recuperación?
  • ¿Tiene amigos, familia, o algún tipo de servicios sociales para ayudarle si vive solo durante la recuperación?
  • ¿Que es más importante para usted, obtener los posibles beneficios de la cirugía, o evitar sus posibles riesgos?

No existen respuestas correctas o incorrectas, sólo sus respuestas. Haga saber a su médico cómo se siente usted con sus síntomas, y qué le parecen los diferentes tratamientos, y los riesgos y beneficios de cada uno.

Recursos de información y apoyo

Además del centro de salud u hospital donde acude habitualmente, existen otras organizaciones, como son las asociaciones de personas con artrosis y familiares, que pueden ofrecerle información, consejo y ayuda. También hay páginas web en Internet que actúan como recursos de información y apoyo en artrosis de rodilla.

Asociaciones de pacientes

En estos enlaces podrá encontrar Asociaciones de personas con artrosis de rodilla que puede ayudar mucho a la persona que sufre artrosis y a su entorno:

Ámbito Asociación
Local/Nacional ASTER Asociación Tinerfeña de Enfermos Reumáticos
ARPA Asociación Reumática de Las Palmas
IEDDA Instituto Europeo del Dolor Articular
Nacional LIRE Liga Reumatológica Española
LIRA Liga Reumatológica Andaluza
LRC Liga Reumatológica Catalana
Somos Pacientes
Internacional EULAR – European League Against Rheumatism o Liga Europea contra el Reumatismo

Fuentes de información

Este listado de webs puede servir para la persona con artrosis de rodilla y su entorno:

Referencias Bibliográficas

Los siguientes enlaces serán de mucha utilidad para las personas con artrosis de rodilla y su entorno.

  • Guía para el uso apropiado de artroplastia de rodilla en pacientes con artrosis en el SSPA. Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Andalucía. 2013.
  • Osteoarthritis. Care and management in adults. National Clinical Guideline Centre. 2014.
  • Indicaciones para cirugía de prótesis de rodilla: Revisión Sistemática. 2016.
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Glosario

A continuación se presenta un glosario de términos, a modo de diccionario, que le puede ser útil para comprender mejor algunos de los conceptos que se describen en PyDeSalud. En concreto, este glosario le ayudará a entender mejor algunos términos relacionados con la artrosis de rodilla:

Ácido hialurónico: Es un polisacárido distribuido ampliamente en el cuerpo humano. Desempeña una importante función en la estructura de la piel, siendo responsable de la elasticidad de la misma. Tiene la capacidad de retener a su alrededor una gran cantidad de agua aportando volumen a los tejidos. La finalidad de este tratamiento para la artrosis de rodilla es conseguir un efecto lubricante, mecánico y bioquímico en la articulación afectada de artrosis.

Anti-inflamatorios inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa 2 (COX-2): Es una enzima ciclooxigenasa. Pertenece a la familia de los antiinflamatorios no esterorideos (AINE). La inhibición de la COX-2 conlleva una acción antiinflamatoria, analgésica y antipirética.

Anti-inflamatorios no esteroideos (AINEs): Son un grupo variado y químicamente heterogéneo de fármacos cuya función es reducir los síntomas de inflamación, dolor y fiebre.

Artroplastia (Prótesis de rodilla, reemplazo articular): Es un tipo de intervención quirúrgica empleada en la artrosis de rodilla. Se lleva a cabo cuando han fallado los demás tratamientos y la persona presenta una enfermedad articular severa. Consiste en el reemplazo parcial o total de la articulación por una prótesis artificial.

Artroscopia: Es una técnica mínimamente invasiva que permite visualizar el interior de las articulaciones para realizar un diagnóstico y llevar a cabo un posible tratamiento. Es frecuente su empleo en personas jóvenes con lesiones de rodilla o en fase inicial de la artrosis.

Artrosis de rodilla: Es una condición de salud crónica caracterizada por la desintegración del cartílago de la rodilla, lo cual produce rozamiento entre los huesos, provocando rigidez, dolor y pérdida del movimiento en la articulación. También se conoce como enfermedad degenerativa de las articulaciones, osteoartrosis, artritis hipertrófica y artritis degenerativa.

Artrosis primaria: Es un tipo de artrosis asociado con el envejecimiento que se produce por el desgaste natural de la articulación con el tiempo. A más edad, es más probable que se padezca de cierto grado de artritis primaria.

Artrosis secundaria: Es un tipo de artrosis donde existe una causa aparente de la condición de salud. El desgaste del cartílago puede estar asociada a una lesión, la herencia, la obesidad o algún otro motivo.

Cartílago: Es la parte de la articulación que amortigua los extremos de los huesos y permite el fácil movimiento de las articulaciones.

Corticoesteroides: También llamados corticoides. Son una variedad de hormonas del grupo de los esteroides. Tienen propiedades antiinflamatorias e inmunosupresoras.

Estrés: También llamado estrés negativo. Es un estado de angustia o sufrimiento en el cual una persona es incapaz de adaptarse completamente a factores amenazantes.

Expectativas: Es una suposición centrada en el futuro, que puede o no ser realista.

Osteotomía: Procedimiento quirúrgico que consiste en la alineación de un hueso para aumentar la estabilidad mediante la redistribución de la carga o peso sobre la articulación y evitar o frenar la artrosis.

Prótesis de rodilla (Artroplastia): Es un procedimiento de sustitución quirúrgica de las superficies articulares de la rodilla por otras partes artificiales. Se realiza separando músculos y ligamentos en torno a la rodilla, hasta llegar a la cápsula que envuelve la articulación.

Prótesis dolorosa: Las prótesis pueden fallar o fracasar por dolor, falta de movilidad o inestabilidad, por infección, rotura o desgaste del implante, por aflojamiento o por pérdida ósea (Osteolisis) etc. Estos son los principales motivos de revisión. Aunque se espera una vida de más de 10 a 15 años para una prótesis, las revisiones pueden tener lugar en el post-operatorio por infección o mal posición.

Rehabilitación: Incluye valoración médica,diagnóstico y planes terapéuticos combinados: fisioterapia,terapias físicas, medicación, adaptaciones funcionales y profesionales.

Revisión de cirugía (Revisión protésica): En la prótesis de rodilla el desgaste puede ser de los propios componentes o del anclaje de éstos al hueso. Esta situación produce dolor y obliga a recambiar la prótesis entre 10 y 15 años como término medio. Dependerá de factores como el peso de la persona, el uso dado, los ejes de la rodilla, la calidad del hueso donde se ancla, etc.

Toma de decisiones de la artrosis: Es la participación de las personas en la decisión sobre cuál es el tratamiento más adecuado para su patología y su estilo de vida. Dicha participación mejora el cumplimiento del tratamiento y aumenta su satisfacción. Se establece una relación de confianza entre profesionales de la salud y las personas que padecen la condición de salud.

Toma de decisiones compartidas: Es un estilo de relación entre profesionales sanitarios y las personas que padecen alguna condición de salud, que se aplica en la interacción de la consulta para tratar las diferentes opciones de tratamiento. Se valoran los beneficios y riesgos del mismo para reducir las incertidumbres de las personas.

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