Es el primer paso en un proceso terapéutico, donde el profesional de la salud recopila información sobre el estado físico, emocional y social de la persona. Se utilizan entrevistas, cuestionarios u otras herramientas clínicas para identificar los síntomas, comprender el contexto personal y establecer un diagnóstico preciso. Esta evaluación permite diseñar, junto al paciente, el tratamiento más adecuado para su situación.

