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Cáncer de MamaInformación y apoyo

Fuentes de apoyo: familia y amigos

By 4 mayo, 2014mayo 18th, 2020No Comments

La familia, pareja y amistades fueron las principales fuentes de apoyo para las participantes entrevistadas, así como otras personas conocidas que habían pasado por la experiencia del cáncer de mama. También fue significativo el acompañamiento y ayuda que recibieron desde las asociaciones de personas afectadas o del equipo de salud.

Haga clic en las fotografías para ver un vídeo con la experiencia narrada.

FAMILIA Y AMIGOS

Al mismo tiempo que donan soporte, los miembros de la familia también pueden tener necesidades de acompañamiento en algún momento de la enfermedad (Entorno familiar).

Ester decía que había recibido gran apoyo de su familia y sus amigos desde el momento del diagnóstico. Su ahijada le acompañó a las sesiones de quimioterapia y un amigo le aconsejó que se pusiera en contacto con una asociación (‘Entorno Familiar’).

“Bastante buena, a ver, mi madre, mis padres tenían mucho miedo, muchísimo, ellos lo llevaron muy mal, con [mi pareja actual que] en ese momento éramos amigos nada más, fue un gran apoyo pero claro, él ya había pasado por esta experiencia por desgracia muchos años antes con su madre y bueno, los amigos, tengo amigos en la sanidad y estuvieron ahí, mi ahijada también me apoyó muchísimo, que mi ahijada y yo nos llevamos nada más diez años por lo tanto bueno, vino conmigo a todas las quimios, estuvo a mi lado, me sentí muy arropada ¿no? y este amigo que tengo también en la sanidad y que me había exigido que fuese a ver a otro para quedarse más tranquilo, me hizo ponerme en contacto, lo primero que hizo dice busca en red por Internet, busca una asociación que se llama Agatha y ponte en contacto con ellos ya, digo bueno después de la operación, no, ya y la verdad que me fue muy bien hablar con ellos”

Maribel comentaba que recibió el apoyo de su marido y de sus hijos durante los tratamientos: le acompañaban a los servicios sanitarios y le ayudaban con su cuidado personal.

“De hecho, una de las veces que tuve que ir a ponerme la sesión de quimio, siempre me acompañaba mi marido pero él tenía una oposición, entonces vino mi hijo, el mayor conmigo y entonces bueno, allí estuvo ahí sentado a mi lado y bueno, me dijo mami como te va cambiando la cara mami, estás helada y yo bueno, quiero decirte que me ayudaron mucho, estuvieron siempre muy a mi lado y pues a lo mejor de un momento, cuando estaba ahí en un momento así un poco más baja, acababa de llegar del hospital, que estás con el pelo sucio, que te ves… que estás fastidiada pero no quieres exteriorizarlo por lo que estás realmente ¿no? y entonces es que estoy hecha un desastre, yo me acuerdo que le decía a mi hijo es que estoy hecha un desastre, yo me acuerdo que le decía a uno de mis hijos, porque fijate tú porque encima con el pelo hecho un desastre ¿y cuándo lo voy a lavar? porque no soy capaz de lavarlo…y él además que es así muy extrovertido, muy simpático… ah, sin problemas te lo lavo yo ahora mismo… ¿Cómo me vas a lavar tu el pelo? Si además yo tenía una melena muy larga, esto nunca lo había hecho en la vida, que sí mami te pones aquí en la bañera y le das la vuelta a la cabeza y yo te… y bueno. Quiero decirte que apoyo en todo momento, en todo momento, y yo pienso que entre los tres, mi marido y mis hijos procuraban que no estuviera sola, que no estuviera sola en ningún momento, sobre todo bueno, en ese primer tiempo que es cuando… pero bueno, no lo puedo contar como algo que, como algo que fuera una tragedia en mi vida porque no lo ha sido”

Beatriz encontró un gran apoyo en su pareja ya que podía compartir sus emociones, temores e intimidades con él.

“Pues mi pareja muy bien, o sea, tengo que decir que fue un gran apoyo para mí el tenerle a él, el poder contarle cosas que a otras personas como por ejemplo mi hermano, mis padres, pues no tienes tanta intimidad como para consultarles o comentarles cosas que sí podría, pero que a lo mejor no te sale tampoco, tus miedos personales, ahí sí que sentí mucho alivio, el poder llorar con él, el poder comentarle mis miedos, mis preocupaciones, el saber que estaba, el que te ayude a tirar para adelante, el que te dé mucha fuerza”

Algunas mujeres manifestaban su asombro por las distintas reacciones que identificaron con algunos de sus amigos más próximos o de sus allegados. Mientras que algunas personas les brindaban su apoyo incondicional desde el comienzo de la condición de salud, otras se limitaban a acompañarlas durante la primera fase de los tratamientos y se alejaban cuando creían que habían superado la etapa más difícil. También comentaban casos de personas del entorno más cercano que sufrían un shock frente a la noticia y se alejaban.

Según la vivencia de Lidia, el hecho de enfermarse le había servido para darse cuenta con quienes podía contar.

“A veces son reacciones extrañas que no acabas de entender y bueno, y en cambio, por otra parte, amigos, compañeros de oficina vinieron al hospital y una amiga, llevaba unos años que era amiga mías ya y aquella pidió vacaciones para quedarse conmigo en el hospital y bueno, esto es una cosa común que nos ha pasado a la mayoría que personas de las que esperas mucho no te responden y en cambio otras que a lo mejor nunca te habrías imaginado las has tenido allí en aquel momento, pero esto es algo común, a todos… no sé por qué pero bueno, es cuando realmente conoces a quien tienes y a quien no tienes ¿no?, porque para salir de fiesta cualquiera es bueno pero en momentos así…”

Otra fuente de apoyo fue el compartir experiencias con otras personas que habían pasado por un cáncer de mama. Este encuentro se dio principalmente con mujeres que participaban en asociaciones de pacientes. En otros casos, estas personas pertenecían a su entorno de amistad o de relaciones sociales próximas (“Grupos de ayuda mutua”).

María José echó de menos en los primeros momentos relacionarse con otras personas que hubieran superado un cáncer de mama.

“Durante mi primera estancia allí en la clínica, en la intervención, cuando me venían a ver amigos y compañeros de trabajo, todo el mundo me decía, sí, es que yo conozco una prima, yo tengo una vecina, y yo les decía, oye, que me vengan a ver y que me cuenten. Nunca recibí ninguna visita de ninguna persona que hubiera pasado por un tipo de cáncer, ya fuera de mama, osea, yo tampoco pedía que fuera de mama, alguna persona que hubiera superado un cáncer, porque esto a mí me hubiera dado como mucha más fuerza. Pero no recibí ninguna visita. Esto es lo que eché en falta. Quizá si me hubieran tratado en la sanidad pública, sí que hubiera coincidido con alguna persona que hubiera estado allí en mi mismo caso y entonces hubiésemos compartido experiencias, dudas, emociones, pero no fue el caso. Entonces yo lo viví de una forma aislada y eso es lo que eché en falta, el compartir, porque hay cosas que no las puedes comunicar, porque no te las entienden”

María del Carmen se sintió agradecida por el ánimo y los consejos que recibió de una conocida que había superado un cáncer de mama.

“Tampoco, simplemente antes de empezar con la quimio, tengo una amiga, la María, que tiene una amiga que le iba a pasar lo mismo que a mí, me puso en contacto con ella e hicimos un desayuno juntas, la conocí, ella me explicó, me puso en antecedentes, que ella lo ha pasado, ella también estaba trabajando, estaba divina, claro que ella ya hacía 8 años que había pasado por esto, y te va a pasar esto, te va a pasar lo otro, pero tú no… bueno, me dio muchos ánimos, ella también pasó en el momento de decir, se acabó, no quiero seguir, pero tenía un niño pequeñito y se armó de coraje, siguió para adelante y bueno, fue con la única persona así enferma, bueno enferma, con esa enfermedad y me puse en contacto con ella a través de otra amiga. Me fue útil porque la vi a ella muy bien, la verdad es que la vi muy bien y después de 8 años pues como que casi ya lo había pasado todo. Ella sí que tomó tratamiento en 5 años, yo no”

María del Carmen se sintió agradecida por el ánimo y los consejos que recibió de una conocida que había superado un cáncer de mama.

“Pero también ayuda mucho la gente que ya ha pasado, a una persona que a lo mejor está hundida, que está en este tema y que no sabe cómo salir, y hablar con una persona que ha pasado por lo mismo que tú, no es hablar con una persona, con un médico a lo mejor no ha pasado por lo que tú estás pasando, que se pueden imaginar, que saben el tratamiento, que lo saben todo pero no lo han pasado realmente, y una persona que sí lo ha pasado puede ayudar a otra que lo está pasando”

Belinda compartía sus emociones con amigas que también habían vivido la experiencia de esta enfermedad. En el grupo de mujeres de la asociación encontró “apoyo de amistad”. (“Grupos de Ayuda Mutua”).

“El único que me acompañaba en estas cosas, bueno, era mi marido. Pero yo no era con él que me podía sincerar. Yo me sinceré con una amiga que encontré, y que esas son las que me ayudaron a salir adelante, las que me escuchaban, las que entendían lo que pasaba porque desgraciadamente también habían pasado por ahí. Y bueno, fue un apoyo de amistad lo que yo encontré aquí”

Carmen se sintió privilegiada porque podía ocuparse de sí misma sin descuidar a sus hijos. Ella encontró una fuente de apoyo y cuidado importante en una persona que le ayudaba a llevar su casa.

“Sí, sola no he vivido, ha vivido mi hija mayor conmigo ya te digo hasta hace una semana pero la verdad es que vamos a ver, mi situación personal en cierto modo es privilegiada, mis hijos son mayores, no tengo críos pequeños que atender ni adolescentes, es decir, tengo chicos ya mayores, para bien o para mal pues no tengo pareja con lo cual problemas de pareja que yo sé que muchas mujeres los tienen, yo no los tengo. Tengo una persona que me ayuda en casa, que viene los martes y que me cuida como si fuera su madre, es decir, lleva ya seis años conmigo, me quiere muchísimo y no haga usted nada, y no se qué, es decir, que yo me tengo que cuidar de mi, es decir, que mi situación es privilegiada ¿eh? por lo tanto no tengo que hacer otra cosa”

Las creencias religiosas también constituyeron una fuente de fuerza y acompañamiento para algunas mujeres.

María Josefa sintió que su religión le dio fuerza y apoyo para afrontar la enfermedad.

“Soy religiosa y me sirvió de mucho, me sirvió de mucho y al contrario, parece que estaba más unida entonces y desde entonces no sé” ¿Te ha reconfortado, te ha dado…? “Y pienso que bueno, quizá la persona que no sea creyente pues eso claro, no lo ve así, pero yo pienso que me ha ayudado mucho el ser creyente y me ha dado mucha fuerza”